CULTURA

Un Cantautor en la Sierra

Paseo por el valle de Tus (provincia de Albacete). Una mañana fría de sol radiante. El suelo está húmedo y un riachuelo nos muestra el camino con la melodía del agua helada. El espectáculo es sobrecogedor y mi novia me dice que qué me pasa, que estoy muy callado. Normal. No quiero contaminar un lugar así ni tan siquiera con el sonido de mi voz.

No pertenezco a la escena, somos la nota discordante, un elemento estridente, me siento ajeno a tanta belleza pero quiero formar parte a cada paso. Me esfuerzo por estar en sintonía.

Mientras camino no puedo evitar soñar con la idea de dejarlo todo, abandonar la ciudad y trabajar la tierra. Durante el día me dedicaría a cultivar y por la noche, escribiría canciones. En paz conmigo mismo y con los demás. Por fin.

En medio de la ensoñación irrumpe una escuela abandonada hace años debido a la evidente despoblación de la zona. Pupitres hinchados de tanta humedad, cristales rotos y una rueda de molino que ejerce con maestría de pilar para un pórtico. Eso es arquitectura y no la mierda que algunos admiran en Valencia. Calatrava!, ven aquí, toma nota y de paso devuelve todo lo que robaste –Pienso en voz baja.

Tengo un palo en la mano y me apoyo en él todo el camino. Lo he visto hacer en las películas y a mis hermanos mayores. No noto un alivio de peso significativo en la zancada pero si lo llevan será por algo. Quien soy yo para poner en duda nada en semejante situación? Un urbanita fofo y desnaturalizado.

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Llegamos a unas cascadas de agua blanca que caen en una poza cristalina y tras unas fotos pertinentes emprendemos el viaje de regreso. Nos esperan unos gazpachos manchegos, que nada tienen que ver con el gazpacho andaluz. No voy a explicar en qué consiste la receta. Es mejor que cada uno lo descubra por sí mismo. Lo que sí voy a decir es que me zampé dos platos y perdoné el tercero por decoro.

La tarde cae y duermo una siesta de dos horas como si fuera un bebé. Al despertar recojo leña y avivo la lumbre. Ya utilizo palabras como “lumbre” y eso me hace sonreír.

La noche es para el vino y los amigos. Apenas me viene la necesidad de tocar alguna canción. Reímos y bebemos con pasión y a veces nos duele la barriga con una carcajada pura y necesaria.

Me voy a la cama con la sensación de haber ganado algo a lo largo del día pero sin saber, ni de lejos, de qué se trata.

Buenas noches.

Rafa Toro

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